Ultimamente me he dedicado con más ahínco a estudiar y reflexionar sobre la inteligencia emocional. Me ha parecido gracioso y confrontador entender que quien no es inteligente emocionalmente es, por oposición, un bruto emocional. Y es que los hay por montones y reconozco los momentos en que mi bestia interna aparece descontrolada, ese es un momento de brutalidad emocional que me domina. Recuerdo claramente muchos de esos momentos. Mis hijos fueron víctimas de algunos de ellos. Afortunadamente me he confrontado a mi mismo, he sabido pedir perdón y hacerme cargo de rediseñar esas creencias que hay en mí que terminan siendo disparadores. No puedo dirigir nada ni a nadie sin un control de mis emociones. Hoy entiendo que las personas emocionalmente inteligentes poseen suficiente grado de autoestima. Reconocen los propios sentimientos y capaces de expresarlos asertivamente. Son empáticas y pueden entender los sentimientos de los otros. Son personas positivas y esperan lo mejor porque se lo merecen.
Eduardo Martí
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